El ti Pepe y la masía de “Águeda”

 

el ti Pepe juanto al riu rau de la Casa de Águeda". Junio de 1999
el ti Pepe, junto al riu rau de la Casa de Águeda”. Septiembre de 1997


José Tur Giner, "Pepe Águeda", en un retrato de juventud
José Tur Giner, “Pepe Águeda”, en un retrato de juventud

Septiembre de 1997. Subo junto a José Antonio Sala a La Cometa, a encontrarnos con Pepe “Águeda”, uno de los últimos agricultores de Calp. Ya no quedan familias labradoras en nuestra pequeña geografía, laboriosas y unidas bajo un mismo techo, sujetas a la tierra y a sus lindes como fuera el destino inmemorial de los que faltan. Hoy se desmiembran por la forma de vida de los nuevos tiempos, abandonados los campos y clausurados los centenarios aperos de labranza en la cambra como testigos olvidados. Las familias, en otro tiempo campesinas, conservan acaso ese terruño como referencia consciente de sus raíces y memorias, de sus ancestros y de su sangre. La que hoy conocemos como saga de los “Águeda” conserva su templo familiar en la sobria casona de labor cuya edificación engalana la plazuela del Caserío de la Cometa y que podemos datar de la segunda mitad del siglo XVIII.

Hasta allí hemos subido con el ti Pepe “Agueda”, quien arrastra toda su sabiduría rústica en pasos breves, seguros para sus más de noventa años. Nos acompaña un sol oblicuo de septiembre vespertino y del “Bancal Planet”, en silencio reverencial escuchando al anciano venerable, arrancamos la moscatel como preciado tesoro. Yo pienso que la navaja que utiliza el ti Pepe debe de ser poco más o menos de su misma quinta y baila empuñada al ritmo de su destreza. Nos pasa un racimo y otro para que los acostemos en una caja ligera de madera, forrada con hojas de vid como acogedoras manos, y no son pocos los granos que en tan breve viaje se ven confinados a nuestros estómagos. De una enorme higuera glosa el ti la existencia: de sus años, de sus frutos, de sus sabores; con orgullo de buen labrador observa sus brazos frondosos y junto a ella, con sus reliquias de piedra y argamasa, nos descubre la capilla de un pozo fiel.

 

José Antonio Sala y José Tur Giner, "Águeda".
José Antonio Sala y José Tur Giner, “Águeda”, septiembre de 1997, recogiendo uva.

 

Ventanuco de la masía, hoy desaparecido
Ventanuco de la masía, hoy desaparecido

El ti Pepe, José Tur Giner, es el último eslabón de uno de esos linajes entretejidos por generaciones en la tradición de la vida del campo calpino y circunscritos al sereno aunque a veces duro devenir de un pequeño caserío y partida.

El día 22 de noviembre de 1862 casaban en Benissa Antonio Tur, de 34 años, hijo legítimo de Antonio Tur y Mariana Tomás, con Águeda Crespo, de 23 años, hija de Antonio Crespo y Josefa Martí. Estos últimos, el matrimonio de Antonio y Josefa, habitaban la antigua casona de La Cometa, propiedad de la familia Feliu de Benissa, constituida como centro agrícola de trabajo y almacenamiento de la producción de las fincas afectas, algunas en la zona de los Plas, y otras en los alrededores del paraje del Regaig.

En el último tramo del siglo XIX, la casona, dentro de la partición patrimonial de don José Feliu Sala, fue adjudicada a su hijo: don Juan Feliu Rodríguez de la Encina, quien la vendería posteriormente, terminando la centuria, a don Juan Beneito Beneito, importante comerciante y naviero de Altea. Sabemos que la masía y las explotaciones agrícolas anejas se encontraron trabajadas durante su existencia bajo el régimen de aparcería y que fue la familia benissera de los Giner “Vallesa”, quienes la ocuparon hasta principios del siglo XX.

Por lo tanto, el sobrenombre tan popular de los “Águeda”, y en este caso el que acompaña el nombre del ti Pepe, proviene de su abuela Águeda Crespo Martí, nacida en Benissa hacia 1839 y fallecida en Calp en 1920; aunque ahondando en el árbol genealógico familiar el nombre de Águeda ya pertenecía a la quinta abuela materna del ti Pepe: a Águeda Ivars, casada con Antonio Crespo, matrimonio que debió de contraer nupcias hacia el año 1750. Esta rama de los Crespo continúa viva en nuestros días y es conocida popularmente en Benissa como los Crespo del “Có”.

 

Fachada de la masía de Águeda
Fachada de la masía de Águeda

 

Los Tur, provenientes de San Miguel de Balansat en Ibiza, se habían establecido en tierras de Calp entre 1670 y 1680. El primer antecedente que encontramos se debe al matrimonio contraído entre Antonio Tur de Ibiza y la benissera Elizabeth Ivars en 1696. De ellos descienden los Tur calpinos, y en el caso que nos ocupa la rama de los Tur “Águeda”, emparentados con los “Torrats”. De hecho, Antonio Tur Pastor (n. 1796), bisabuelo del ti Pepe, era hermano de José Tur Pastor (n.1812), ascendiente directo de los “Torrats”.

A finales del pasado siglo contraen matrimonio Antonio Tur Crespo (n. 1863) con Francisca Giner Bertomeu (1868-1935), hija de Pedro Giner Cabrera (n. 1833) y Teresa Bertomeu Ivars, aparceros de la Casa de La Vallesa, de la que toman su sobrenombre. Son los padres del ti Pepe.

"Casses" de Águeda
“Casses” de Águeda

Sentados junto al cup de la masía escuchamos hablar al ti, quien lentamente prende un cigarrillo. Nos dice con sonrisa culpable que fuma poco y apenas bebe café; que se levanta al mediodía y por la tarde juega la partida en “los pensionistas”. Recuerda que le agradaba ir a la escuela de Benissa, en la que comenzó a estudiar en edad temprana, pero las circunstancias de entonces le obligaron pronto a tener que ayudar a sus padres en las tareas del campo. Eran los años en los que asegura que la agricultura daba sus frutos más provechosos, aunque la filoxera, con sus grandes estragos, obligó a arrancar viñas y replantar. Por entonces se hacía más moscatel que almendra y la incidencia de este mal tuvo gran repercusión en toda la comarca. El anciano indica admirado que por entonces se pagaba la arroba de algarroba a dos pesetas, un precio excepcional.

Pero la vida no era fácil y había que generar recursos con diligencia. Entre 1931 y 1936, junto a otros cincuenta mil alicantinos, el ti Pepe debe ir la poda a Argelia. “Nosotros trabajando en la poda y los moros tomando el sol… ¿No saben, no saben?… ¡Que se enseñen!” Sentencia el ti Pepe: “mi padre decía que la tierra es como un caldero, según le pones traes”.

Caldera de La Vallesa
Caldera de La Vallesa

Para Pepe “Águeda” el Rey Alfonso XIII fue honrado y se marchó dando paso a la República. Aunque en Calp no hubo frente, nos recuerda que aquí mataron a dos y al cura; después “la gente perdonó”. De los 15 o 20 carabineros que se encontraban destacados en nuestra costa, la mitad ingresaron en la Guardia Civil, se calmaron los ánimos y algunos pasaron muchas miserias. Se vivió en una economía de trueque y reconoce que la gente que tenía tierra superó estos duros años sin demasiadas estrecheces. Nos comenta orgulloso que el 20 de abril de 1942 llevó a moler más de 100 kilos de trigo ante la sorpresa del molinero. La finca de La Vallesa, trabajada como indicamos durante generaciones por su familia materna, dio también generosos frutos; así el ti asegura que llegó a recoger en una temporada más de cuatro mil kilos de almendra y a escaldar doscientos quintales de pasa con su estufa de leña.

El ti Pepe casó con Angelita Pineda Pineda, de cuya unión nació Antonio quien durante años ayudó a su padre en sus menesteres.

El carácter sensible y el alto sentido de la justicia y templanza del ti hicieron que la comunidad calpina le reconociera como “prohombre”, máxima distinción con la que se puede premiar al individuo: la de hombre bueno. Pepe era requerido como elemento ecuánime de ponderación ante cualquier conflicto o disputa, particiones de bienes, divisiones y herencias. Las partes acataban sus decisiones con docilidad evitando por su sano juicio situaciones indeseables. De hecho, por su ascendencia entre las gentes, conocimientos y memoria, fue pieza indispensable en la elaboración de los catastros rústicos, acompañando a los peritos e ingenieros en los deslindes de las fincas. También destacó por su destreza filarmónica siendo un notable púa.

El ti Pepe arando
El ti Pepe, arando

Tradicionalmente, los dueños de las grandes fincas habían confiado la administración de sus tierras a procuradores que eran los encargados de tratar con los medieros en cuanto a los derechos y obligaciones de los contratos de tenencia. Pepe “Águeda” se enorgullece de que siempre trató directamente con los amos sin tener que depender de intermediarios. Lo hizo con el abuelo, don Juan Beneito Rostoll y su esposa doña Magdalena; con su hijo don Bartolomé Beneito Pérez y su mujer doña Irene, al igual que con los actuales descendientes. Reconoce Pepe emocionado que releía la antigua correspondencia que le enviaban los amos y los ojos se le llenaban de lágrimas. Tantos recuerdos que evocan toda una vida.

“La finca de La Vallesa la vendieron los Beneito a seis duros el metro, y doña María Rocafull, una gran señora, La Cuchara, el Pla de Cardos y otras por muchísimo menos para comprar naranjales en Cullera”. Pocos años antes de estas ventas, en el Primer Censo Agrícola de España de 1962, José Tur Giner aparecía censado como el principal agricultor del término de Calp, con tierras afectas por más de ochenta hectáreas, de ellas treinta y cinco sembradas. Declaraba la propiedad de un caballo, “Navarro” y un mulo, así como gran número de animales de corral. Hermoso documento.

Águedas", padre e hijo, a lomos de sus caballerías
“Águedas”, padre e hijo, a lomos de sus caballerías

Pepe “Agueda”, siempre optimista, asegura que hoy se vive mejor, pero añora la existencia de antaño. “Hoy la gente tiene muchas comodidades y de la agricultura no se puede vivir. Una hora de trabajo va por unas mil pesetas que no digo que sea caro, pero que no se puede pagar”. Nos menciona que el desarrollo urbano del término, en apenas cuatro décadas ha sido fulgurante y ha llenado bolsillos. “Pero el que vive pobre y muere rico es un borrico”. Todos reímos la copla a carcajadas.

Sirvan estas líneas como homenaje sincero para un hombre bueno; personaje que enmarcado en los hitos de su tiempo, engrandeció con glorias sencillas el devenir intrascendente de la crónica de un pueblo.

Desgraciadamente, el ti Pepe falleció a escasos meses de publicar este artículo, el día 17 de septiembre de 1999 y a la edad de 91 años.

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