De abrics i rodats: La Cova de l’Hedra, Oltá. Benissa (1)

Cova l’Hedra, Oltà, Benissa. Fuente: el autor.

Desde la antigüedad y con la ocupación del territorio, las sociedades rurales exteriorizaron unas características socioculturales que han sido creadoras de un paisaje visual. Los vestigios de arquitectura popular revelan no sólo la presencia humana en campos y montes, sino su propia relación con el entorno dentro del aspecto funcional. En el caso de la explotación ganadera y el pastoreo, observamos la huella del hombre en la conservación, en casi todos los casos deficiente, de elementos constructivos puestos al servicio de fines determinados. Estos restos testimonian la existencia en nuestro entorno de obras anónimas –abrics, coves, tancats, corrals– en las que las materias primas: piedra, tierra, y materias vegetales son tomadas del medio natural para su aprovechamiento en instalaciones sostenibles.

En próximos artículos pondremos la atención en la existencia de algunos refugios y abrigos de pastores en nuestro ámbito geográfico, casas-cueva y corrales, construidos sin complejidad arquitectónica y aprovechando accidentes del terreno y otros recursos favorables. Las cuevas naturales fueron utilizadas y acondicionadas por el hombre desde tiempos ancestrales para su habitación permanente u ocupación temporal. Las investigaciones arqueológicas han revelado la existencia de pinturas rupestres y otros elementos propios de un hábitat básico milenario que encontró su continuidad hasta hace apenas unas pocas décadas.

Estos recintos, acondicionados por los pastores durante siglos, se mantuvieron en uso para sus fines con la construcción y conservación de muros y paramentos de piedra seca. Una codolla o fuente próxima garantizaba el abastecimiento de agua para hombres y ganados. El cierre de los cercados al amparo de una gran roca se aseguraba con la colocación de portones y postigos de madera. A este conjunto, por su forma característica o ubicación en el terreno, se denominaba rodat o simplemente cova.

Acceso de la Cova por su lateral norte. Fuente: el autor

El primer caso que estudiamos, la Cova de l’Hedra de la sierra de Oltá, en término de Benissa, resulta prácticamente desconocido. Es un ejemplo especial por inédito y por tratarse de un recinto de construcción reciente, de hace apenas unos setenta y cinco años.

El Corral del Cepellar, ya en el Mascarat, al que se atribuye comúnmente una gran antigüedad, fue edificado junto a su pozo en 1918, tras efectuarse la roturación de unos contados bancales en su redor. En ocasiones resulta imposible la datación de estas infraestructuras y suele atribuírseles una edad que después desmienten la evidencia documental o los testimonios orales.

Fondo de la Cova. Fuente: el autor

La cualidad de monte comunal de la sierra de Oltá, destinado a pastos y leñas de uso público y general, sugiere la existencia de apriscos en su geografía desde tiempo inmemorial. Los restos de los pocos corrales que se conservan hoy son de edificación del s. XIX, una vez que el monte pasó a manos privadas tras su subasta pública en 1860.

Pensamos que muchos ganados se encerraron posteriormente en los corrales de las casas de campo de la partida, en cercados que contaran con cierta capacidad. La vía pecuaria del Barranc Salat devolvía las tropillas a corrales de masías importantes como las de la Casa Nova, Enginyent o Cocó en Calp, o Cardos, del Rei o Terra Gaspar ya en término de Benissa.

Coves de Sant Pere, Oltá. Calp. Fuente: el autor

En la vertiente oeste de las peñas de Oltá, próximas al paraje de la Mola de Calp, existen las denominadas Coves de Sant Pere. Estas oquedades naturales de difícil acceso sirvieron de refugio habitual para los ganados cabríos que pastaban libres por el monte y después bebían de las fuentes cercanas. A una distancia relativamente próxima y en un alto de la ladera del monte se hallaba una peña desplomada y abrigada en humedad que sirvió como marco natural para la edificación del refugio que tratamos.

Retrato de Vicent Tur Barber “Chacal”. Argentina, hacia 1915. Fuente: el autor.

El benisero Vicent Tur Barber Chacal (1883-1969), nacido en Canelles, había marchado a la Argentina en busca de fortuna junto a su esposa, Josefa Ivars Vives, a principios del s. XX. Retornó en 1923, tras años prósperos que le permitieron reunir suficientes ahorros para adquirir fincas rústicas y sumarlas a las tierras, trossos i llenquetes que ya poseía de origen familiar: El Malpas, Terrabufes y Terranova, todos en Canelles. Compró casa en la partida, la Caseta dels Jordins, quesituada sobre un otero llano, abancalado, daba su espalda al roquedal de La Pedrissa.

En Buenos Aires nació un hijo de su matrimonio con Josefa Ivars, Vicent del Chacal (1912-2012), quien una vez de vuelta a Benissa se dedicó al oficio de pastor a pesar de su corta edad. Vicent conducía ganados a pastar a parajes de la sierra de Bernia y la Solana de Pinos, y pronto se acostumbró a las jornadas de silencio y soledad de aquellos montes.

Vicent Tur Ivars “Chacal”, en 1981. Fuente: el autor.

Terminada la Guerra Civil Española, los Tur del Chacal, de espíritu industrioso y ahorrativo, decidieron construir un cercado de ganado, rodat, al amparo de la roca referida de Oltá. A tal fin, Vicent hijo, Vicent Tur Ivars, levantó un muro de unos quince metros de longitud y dos de altura que circundaba el espacio cubierto por la masa rocosa. A este resguardo, orientado a poniente, se accedía por un portón de un metro y medio de anchura situado en su lado norte. El espacio libre interior, entre el muro y la roca, era de cuatro metros.

El topónimo encontró su origen en la hiedra trepadora, hoy inexistente, que cubría parte de las paredes de piedra del refugio. Dentro de éste podemos observar pequeñas oquedades que servían como arrimos para cocinar o dar cobijo al pastor. El estado de conservación del sencillo conjunto es excelente.

 

Caseta dels Jordins, Canelles, Benissa, en 1994. Fuente: el autor

3 Replies to “De abrics i rodats: La Cova de l’Hedra, Oltá. Benissa (1)”

  1. Un altre gran raconet i el desconec completament.
    Oltà és una joia eclipsada per Bèrnia a la que tindré que anar més.
    Gràcies

    1. Salut, Garrot

  2. Tampoco (yo) conozco esta Caseta dels Jordins ni les Coves de Sant Pere. Este invierno utilizaremos este blog como guía turística. ¿Para qué ir fuera habiendo tanto por ver aquí?

Deja un comentario