El gran dulzainero “Cafís”, de Benissa: música popular y exaltación liberal en la primera mitad del s. XIX

por José Luis Luri Prieto y Teodoro Crespo Mas. (Traducción del valenciano. Publicado en la revista de fiestas de Benissa, 2017).

 

(Versión original: “El gran dolçayner Cafís”, de Benissa: música popular i exaltació liberal en la primera meitat del s. XIX“). (PUNXA)


 

Recreación propia. http://valenciablancoynegro.blogspot.com.es/2012/03/

 

 

“Aquell que’l cór no li bote,

ouint donsaina y tabal,

ni ha conegút á Valensia,

ni té còr de valensiá”

(J. Martí y Gadea,

Ensisam de totes herbes, 1896)

 

 

 

A Joan Nave

Entre los “dolçainers” que mayor fama y renombre lograron en el s. XIX, como el edetano Antoni Pastrana , el valenciano Vicent Pérez “el Pilotero”, el gandiense Tomàs Marzal “Poca Sang” o –presuntamente– Dimoni de Benijófar (personaje entre la realidad y la ficción que Blasco Ibáñez inmortalizó en sus Cuentos valencianos),[1]  hubo uno muy popular en la Marina Alta que ha permanecido prácticamente desconocido hasta nuestros días.  Fue distinguido con el nombre de “Cafís”, y era originario de Benissa.[2]

Era pròu nomenát en lo marquesát de Denia, y tal vòlta el més hábil tocador d’este instrument, despuix de Pòcasanch, de Gandía”, dijo de él el único autor que dejó testimonio de su figura, que lo definió también como “aventaját en tocar la dolçayna y d’una instrucció no molt comú en los de la sehua clase”. De no ser por las palabras que nos legó este autor, el rector de Balones Joaquim Martí i Gadea,[3]  quizás hoy en día no seríamos conscientes de la importancia que tuvo el dulzainero Cafís entre sus contemporáneos. La popularidad y fama que le atribuyó Martí i Gadea, además, cobra una dimensión particular si la ponemos en relación con otro elemento no menos destacable de su personalidad: su actividad vinculada a las reivindicaciones liberales de la primera mitad del s. XIX. Todo ello convierte a este personaje, poco más o menos, en un caso muy interesante para conocer la relación entre la música popular y las reivindicaciones políticas de la época, y permite adentrarnos con mayor profundidad y detalle en las formas y los escenarios que asumió la divulgación y generalización entre la sociedad de ciertos idearios políticos.

En efecto, de las escasas tres noticias históricas que conocemos de Vicent Nave “Cafís”, todas están relacionadas, directamente o indirectamente, con su actividad política, y tan sólo en una ocasión, paradójicamente, aparece vinculado a su oficio de dulzainero. El primer documento que lo menciona, sitúa a nuestro hombre en un altercado en el cual manifestó públicamente su oposición al régimen de Fernando VII, hecho que lo encuadraría en las filas del liberalismo antiabsolutista de la época (figs. 1-2).[4] Así, en un documento emitido por la Subdelegación General de la Policía de Valencia, datado el 5 de enero del 1833, se encomendaba al subdelegado de policía del distrito de Dénia que buscara y capturara, entre otros, a “Vicente Nave (a) Cafís, vecino de Benisa, acusado de haber proferido espresiones atentatorias a la soberania de S(u) M(ajestad)”, hecho que aquel remitió a la alcaldía de Benissa. En carta del 25 de enero siguiente, enviada por el alcalde de Benissa Miguel Morales al Gobernador Militar y Político de Dénia, se daba respuesta a esta petición, y se refería que:

“en contestación al oficio de V.S. en que me prevenía el arresto y prision de Vicente Nave Cafis y otros por ciertas causas que se las están substanciando por haber vertido palabras suversivas contra el legítimo Govierno que felizmente nos rige, deseo manifestarle que Vicente Nave Cafis se presentó, antes de recibir su oficio, y seguidamente se le arrestó en su casa y se dio parte al Consejo permanente”.

 

Figs. 1-2: Documentos en que se informa del arresto de Vicent Nave

Las otras dos noticias que se conocen de nuestro dulzainero confirman inequívocamente su posicionamiento político. En la primera, de junio del 1836, lo descubrimos dado de alta en las fuerzas de la Milicia Urbana de Calp,[5]  cuerpo de defensa de los ideales liberales que pretendía acabar con la inestabilidad que el bandolerismo generaba en las zonas rurales y con las oposiciones políticas de carácter absolutista. Esta afiliación en aquel preciso momento, presumiblemente, pudo estar motivada por la llamada “Expedición Gómez” iniciada aquel mismo mes, una fuerte ofensiva carlina de gran alcance con la cual el comandante Miguel Gómez Sancho intentó ocupar toda la zona noroeste de la península. A escala local, en cualquier caso, aquel mismo año ya se había conocido algún episodio político conflictivo que demuestra que los ánimos estaban encendidos. En Benissa, por ejemplo, dos meses antes de la afiliación de Cafís a la Milicia Nacional, tuvo lugar una refriega política entre los liberales, partidarios de la reina Isabel II, y los carlistas. La noticia de la ocupación de Chiva por parte de las tropas carlinas, el día 31 de marzo, habría agitado a los carlistas beniseros, hecho que provocó la contestación inmediata de los liberales. Un documento de la época lo relataba así: el Sábado Santo en Benissa, día 2 de abril:

“observósee cierta agitacion en los semblantes de resultas de las noticias que venian de esa, sobre la aproximacion del rebelde Cabrera. Día de Pascua por la mañana nuestro cura subió al púlpito, y con aquel fervor que es propio de su patriotismo, exhortónos al amor, obediencia y fidelidad á ambas Reinas Madre é Hija, y á las autoridades por ellas constituidas. Al amanecer del otro día apareció una porcion de pasquines sediciosos clavados en diferentes parages de la villa: sobre la puerta del cura habia uno en que se le amenazaba de muerte, despues de vilipendiar a S(u) M(ajestad). Estos libelos aumentaron la turbacion, y al otro día con la noticía de que el general Palarea estaba á la vista de los facciosos, se alentaron los buenos, y desmayaron los sospechosos”.[6]

Cuando poco después llegó la noticia de la expulsión del general Cabrera de Chiva por la intervención del general Palarea, el rector benisero, el liberal Mariano Borja, junto con las autoridades locales, tomó la iniciativa de celebrar tres días de iluminaciones en el pueblo, cantar el Te Deum el día de San Vicente en acción de gracias, y ofrecer una misa solemne, en la cual el rector dio un sermón atacando a los carlinos y exaltando el patriotismo y la fidelidad a la reina por parte de los beniseros. Pocos días después, el 14 de abril siguiente, otro documento da cuenta de otra acción llevada a cabo “en respuesta al autor de los libelos derramados sobre esta población”  (no sabemos si los mismos del 3 de abril u otros posteriores), a instancias la entonces alcalde de Benissa Josep Marquina, antes Feliu.[7] En aquel acto, más de cien personas destacadas de la villa salieron a la calle y dieron una vuelta por el pueblo poniendo, en los lugares donde habían aparecido los pasquines carlistas, otros pasquines que exaltaban a los nacionales de Benissa y a la reina Isabel II, hecho que acompañaron de vivas a las reinas madre e hija. No sería extraño pensar, a la luz de los sucesos que veremos después, que el dulzainero Cafís hubiera podido animar el ambiente con su dulzaina en la celebración de la victoria contra los carlistas, y en la pegada de pasquines organizada por alcalde.

Y la última noticia que situaría claramente a Vicent Nave con los liberales de la época (que es la misma en que aparece por primera vez como dulzainero), la tenemos en su participación en las jornadas que conmemoraron en Calp la mayoría de edad, jura y coronación de la reina Isabel II, el 2 de diciembre del 1843.[8] Ante este hecho, el consistorio, presidido por el alcalde Francisco Zaragoza Jorro (labrador de Calp, miembro de una familia de antiguos escribanos reales y de tendencia monárquico liberal), destinó 144 reales para pagar el aceite de las iluminaciones y 80 reales para la contratación de Vicent Nave como dulzainero durante dos días de celebración popular. Cafís, por lo tanto, se encargó de amenizar unos días de fiesta de marcado carácter liberal, y seguramente sus simpatías políticas pudieron facilitar su actuación en el acto. Del cobro de aquel dinero se  ha conservado el recibo, que (aparentemente) fue escrito y firmado por Vicent Nave (fig. 3). Decía así:

Fig. 3: Firma de Vicent Nave en el recibo de cobro al Ayuntamiento de Calp del año 1843

 

“He recibido Yo el abajo firmado la cantidad de ochenta reales vellon por mí trabajo al tocar la dulsayna  en los dos dias de la funcion de la proclamacion y jura de nuestra adorada Reyna (Dª Ysabel IIª Q.D.G) y para que conste firmo el presento. En Calpe, día dos de Dicienbre de 1843.

        Son #80# Rs V.on

Vicente Nave”.[9]

 

 

Este documento certificaría, en principio, que Cafís cobró el dinero que se le tenía que pagar, pero podríamos dudar de si realmente sucedió así. Pocos días después de aquellas celebraciones, el 16 de diciembre, era asesinado el alcalde liberal Francisco Zaragoza (a manos por un grupo de genoveses, que en nuestra opinión hay que vincular al contexto de fuerte reacción conservadora del momento), y el nuevo ayuntamiento moderado que lo sustituyó, presidido por Francisco Tur, persiguió la obra del anterior consistorio por la vía de no aprobar las partidas de presupuesto anterior, especialmente las relativas a los gastos de iluminación y las fiestas de proclamación y las de recomposición de las armas de la Milicia Nacional. Todo esto podría hacer pensar que, finalmente, Vicent Nave no hubiera cobrado aquel dinero.

De cualquier forma, a través del jornal que se hizo cobrar del consistorio calpino podemos intuir, por la desorbitada cantidad que suponía, el renombre y la importancia que debió de tener ya entonces el dulzainero Cafís en la comarca. Si pensamos que un jornal normal de la época rondaba los tres reales, el hecho de que Cafís cobrara ochenta (cuarenta al día), parece un sueldo más que considerable, incluso asumiendo que diera una parte al tabaleter que seguramente lo acompañaba. Podríamos pensar también, por otro lado, que para el cobro de este sueldo tan elevado pudieran influir las afinidades políticas entre el alcalde Francisco Zaragoza y Vicent Nave, pero se trata de una suposición hoy por hoy indemostrable.

Aquí se detienen, hasta el momento, las noticias históricas que se conocen del dulzainero Cafís. Más allá de esto, hemos podido completar un poco más sus detalles biográficos por vía de la investigación genealógica de su entorno familiar, apoyada en algunos datos aportados por Martí i Gadea. Sabemos, pues, que Vicent Nave nació en Benissa en 1796 con el nombre de Andrés Vicente Nave Boronat, hijo del benisero Josep Nave Pérez y de la calpina Josefa Boronat Carbonell,[10] y que fue el primero de seis hermanos.[11] Su “nombre artístico”, por otro lado, le debió de venir seguramente del apodo familiar paterno, puesto que es un apodo que aparece no necesariamente vinculado a sus descendientes sino que ha sido asociado tradicionalmente al apellido Nave, llegando hasta nuestros días en varias familias de este linaje. Cómo bien señalaba J.J. Cardona, aunque en los últimos tiempos entre los Nave “ha hecho más fortuna el mote «Carbonero» […], no es propio conocerlos por este mote, que además, es reciente. El correcto debe de ser «Cafís»”.[12]

En cuanto a su vida adulta, parece que casó en Calp con Teresa Boronat, seguramente en 1824 con 28 años, y que ambos irían a vivir al pueblo del marido, porque entre los años 1825 y 1835 se registran en Benissa los bautizos de cinco niñas de apellido Nave Boronat: Luisa (1825), Josefa Antonia (1827), María (1830), Vicenta (1833) y Francisca de Paula (1835).[13] El hecho de que en 1833 hubiera tenido problemas con la justicia en Benissa, y que el 1836 aparezca alistado a la Milicia Nacional de Calp, podría hacernos pensar si entre 1835, año del último bautizo de una hija suya en Benissa, y junio del 1836, momento en que entra a formar parte de la Milicia Nacional, pudo ir a vivir en Calp, quien sabe si por motivos políticos. Por otro lado, la constatación de los individuos que fueron padrinos de algunas de sus hijas nos podría dar una pista de los ambientes sociales y políticos que frecuentó Vicent Nave. Así, de su primera hija Luisa fueron padrinos Francisco Torres Trilles y su esposa Luisa Feliu (de quien la niña, presuntamente, recibiría el nombre); padrinos de la segunda hija, Josefa Antonia, lo fueron también Francisco Torres y su cuñada Josefa Antonia Feliu (de quien, de nuevo, la niña tomaría también el nombre); y padrino de Francisca de Paula lo fue Miquel Andrés, futuro marido de Mariana Avargues Feliu. Se trata de personajes, por lo tanto, pertenecientes o vinculados a las familias de Torres, Feliu, Andrés y Avargues, que pertenecían a la élite política y social del pueblo, y que si bien no estaban entre los elementos más poderosos de la villa, si que pudieron formar parte de una clase media de tendencia marcadamente liberal, hecho que podría ayudar a comprender los ambientes políticos en los cuales se movió Vicent Nave.

Otra pista que nos ha permitido avanzar en la reconstrucción de su biografía es una noticia que reporta Joaquím Martí i Gadea, quien afirmaba que se fue a vivir a Ondara. Esta última información lo hemos podido confirmar y concretar cronológicamente: el 12 de junio del 1840 se registra, en aquella localidad, el bautizo de Vicent Nave Boronat, hijo de Vicent Nave,[14] por lo cual hay que pensar que entre junio del 1836, año de su afiliación a la Milicia, y junio del 1840, año del bautizo en Ondara de su último hijo, la familia fue a vivir a aquella población.[15] Martí i Gadea escribió que Cafís se fue a vivir a Ondara porque “como nengú es profeta en la sehua patria, en Benisa feen pòch caso de él”. De nuevo aquí podríamos pensar, como hipótesis, que sus simpatías políticas, en un Calp o una Benissa más conservadoras, habrían estado en la base de aquel tipo de “exilio”. En Ondara, sea cómo sea (y siempre según el rector de Balones), Vicent Nave acabaría su vida “arbitrantse en teixir faixes fines, bufandes y atres cosetes, en las qu’era molt manyós, y tocant en les festes dels pòbles de la comarca”; allí “ho pasava bé ell y la familia, dasta que morí d’allí á uns quants anys”. No sabemos, desgraciadamente, en qué año falleció, pero sí parece cierto que no dejó de tocar mientras tanto por todos los pueblos. Su actuación en las celebraciones de Calp del año 1843, cuando ya estaba viviendo en Ondara, podría ser una buena prueba.

Los escasos hechos históricos que conocemos del personaje hacen pensar, en cualquier caso, que debió de ser un artista muy popular y conocido en la comarca, y quizás no sólo por su habilidad con la dulzaina, sino también por su talante político. Imaginamos que animaría con su música el ambiente de la Milicia Nacional, y que en cualquier acto o celebración de carácter político aparecería él con su dulzaina, aportando una dimensión festiva. Esto nos ilustraría, a la postre, sobre la forma y las características que asumió en el s.XIX la celebración de ciertas reivindicaciones políticas y la propagación de ciertos idearios.

Llegados a este punto quedaría solamente la posibilidad de intentar ponerle carne al personaje, a su carácter. Aquí, de nuevo, los detalles que nos legó Martí i Gadea sobre su personalidad vuelven a ser de un valor impagable y, aunque escasos, podemos intentar completarlos (a modo de diversión y siempre de forma hipotética), con las descripciones en cierto modo “arquetípicas” que varios autores hicieron de la figura de los dulzaineros del s. XIX.

Podríamos así, por ejemplo, acudir a la descripción ideal que Vicent Boix hizo de los dulzaineros de 1859, y pensar que fue un “hombre delgado, nervioso, de mediana estatura, de mirada expresiva; habla con rapidez, con soltura, y es libre, franco y alegre en su conversación; no abandona nunca su chaqueta; no se afeita todos los días, pero se cree tan importante como el primero violín, o el primer oboe del gran teatro de la Scala”.[16] En efecto, una parte de la personalidad de estos ídolos populares debió de tener, no hay duda, un cierto deje de arrogancia y orgullo, y un semblante grave como el que, por otro lado, Blasco Ibáñez atribuyó a Dimoni: “con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. Era popular y compartía la general admiración cono aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías”.

Aquella altivez hierática del dulzainero, aquella “indiferencia del ídolo”, la podríamos ver muy retratada en la polémica, recuperada por Manel Arcos,[17] que tuvo lugar entre el Pilotero y Poca Sang en 1858, en la cual el primero retó al segundo a un encuentro público para ver quién era mejor dulzainero. También Cafís, inevitablemente, se debió de sentir como una “autoridad” comarcal incontestable en la ciencia de la dulzaina, y unas palabras de Martí i Gadea sobre su actividad podrían entenderse en este mismo sentido, puesto que dijo de él que “mentres vixqué ningú le jafá la guitarra, buscantlo en totes les festes de la rodalá, còsa qu’els atres dolçaynerets rutinaris y de pipa y fona, miraven en gran enveja com éll se enduya les tallaes”. Podemos imaginar, por lo tanto, que nadie osó desafiar el reinado del Cafís en el Marquesado de Denia mientras estuvo en condiciones de tocar la dulzaina.

Hay otra vertiente de la personalidad del dulzainero, en todo caso, muy opuesta –pero complementaria– a esta actitud tan seria, y en la cual suelen coincidir todos los autores: su carácter popular, jocoso, bromista, amante de la fiesta, de la buena comida y el buen beber. Desde este punto de vista, un extremo de esta dimensión festiva del dulzainero lo tenemos en la idealización que Blasco Ibáñez hizo de Dimoni, cuando describió su popularidad como irredimible de su profunda afición a la tasca y al porrón: “Los privilegios de su dulzaina, que, por lo maravillosos, le habían valido el apodo, no llamaban tanto la atención como las asombrosas borracheras que pillaba en las grandes fiestas. […] Y estas distracciones de bohemio incorregible, estas impiedades de borracho, alegraban a la gente”. Sin llegar a este punto, Joaquim Martí también dejó entender un carácter abierto y extrovertido para nuestro Cafís cuando escribió de él que “era tal qual dotor, com els del seu pòble, gustós en lo parlar”, y también cuando contaba que “en gran sorna día del tabaleter que l’acompanyava, que l’havia ensenyat á menjar arroç en conill”; una graciosa anécdota que nos habla, sin duda, de su buen humor y su afición a la broma.

No hay duda, al fin y al cabo, que Cafís debió de ser una personalidad popular y destacada entre los paisanos de su tiempo, y que tanto su habilidad con la dulzaina como su dimensión social y política lo hacen merecedor de un lugar en la memoria de los beniseros, de los calpinos e incluso de toda la Marina Alta. muy merecida parece también, por todo esto, la graciosa copla que Martí i Gadea le dedicó al final de su escrito, y con ella queremos cerrar, rindiéndole un último homenaje, esta recuperación tardía de su memoria:

 

“El gran dolçayner Cafís

era un músich consumát,

puix tocava la dolçayna

en gracia y hablitat”.

 

[1] Vegeu Arcos, M. (2014), “Dolçainers de llegenda: «Pastrana», «el Pilotero» i «Poca Sang» de Gandia”, Levante-El Mercantil Valenciano, 21/07/2014 (en internet: http://paraules-en-silenci.blogspot.com/2014/07/dolcainers-de-llegenda.html). Poca Sang va arribar a tocar a Benissa en la celebració del bicentenari de la Puríssima Xiqueta (Vila i Sarch, S. (2015), “A Benissa encara estem a temps: la intervenció de Tomàs Marzal en la commemoració del Bicentenari de la Puríssima Xiqueta (1884)”, Llibre de festes de Benissa 2015, p. 132-136, Benissa).

[2] Sobre les notícies que s’havien publicat fins al moment referides a aquest dolçainer, vegeu  Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 2, Ed. Calpinas, p. 42-44, Calp; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 85, Calp, i Crespo Mas, T. (2012), “«Á divertirmos molt y a riures de llarc»: Benissa i els pobles veïns en l’obra de Joaquim Martí i Gadea”, Revista de festes de moros i cristians de Benissa 2014, pp. 123, Benissa. Una feliç casualitat va fer que els autors acabàrem parlant sobre el personatge i posant en comú els diversos coneixements que en teníem (i que ens havien passat desapercebuts), i això ens va dur a indagar i aprofundir en la persona de Vicent Nave “Cafís”, per a compondre el perfil completiu i actualitzat que presentem ací.

[3] Martí Gadea, J. (1906), Tipos, modísmes y còses rares y curioses de la tèrra del Gè, Imprenta de Antonio López y Cª, València; Crespo Mas, T. (2012), “«Á divertirmos molt y a riures de llarc»: Benissa i els pobles veïns en l’obra de Joaquim Martí i Gadea”, Revista de festes de moros i cristians de Benissa 2014, pp. 123, Benissa.

[4] Arxiu Municipal de Dénia. Borrador de Oficios Delegación de Policía, 1833; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 85.

[5] Arxiu Històric de la Diputació Provincial d’Alacant. Milicia Nacional, Sig. 17.262/1; 17.262/2; 17.224/2; Propios y Arbitrios. Sig. 13.382/1; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 2, Ed. Calpinas, p. 42-44, Calp; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 85.

[6] El sermó apareixia reproduït al diari El Español. Diario de las doctrinas y de los intereses sociales, nº 180, 28/04/1836. Vegeu al respecte Crespo Mas, T. (2012), “Un sermó del rector liberal Mariano Borja a Benissa davant l’agitació carlista a Benissa”, Revista de festes de moros i cristians de Benissa 2012, 120-121, Benissa.

[7] Arxiu Municipal de Dénia. Correspondència Subdelegació de Policia, any 1836; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 53, Calp. Sobre el primer terç del s. xix a Benissa i Calp vegeu Cardona i Ivars, J.J. (2002), Història de la parròquia de Benissa, p. 51-64, Benissa, i Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 1-56, Calp.

[8] Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 2, Ed. Calpinas, p. 42-44, Calp; Luri Prieto, J.L. & Sala Jorro, J.A. (2003), Calpe, tierra y almas, t. 3, Ed. Calpinas, p. 85.

[9] Arxiu Històric de la Diputació Provincial d’Alacant. Propios y Arbitrios (1849), 14.630/1.

[10] Arxiu Parroquial de Benissa. Quinque Libri, Baptismes, llibre 4 (1788-1801), f. 107.

[11] Els germans foren Salvador, batejat el 1799, Deoclato Josep, el 1802, Joan Antoni, el 1805, Antoni el 1808, i Josep, el 1809 (Arxiu Parroquial de Benissa, Quinque Libri, Baptismes, llibre 4 (1788-1801), f. 141v; llibre 05 (1802-1809), f. 9, 67r, 115r, 146).

[12] Cardona i Ivars, J.J. (1998), Els cognoms i malnoms de Benissa. Història de les famílies, Publicacions del “Calendari dels Brillants”, p. 153, Benissa.

[13] Arxiu Parroquial de Benissa. Quinque Libri, llibre 6 (1810-1830), f. 315r, 367r, 442; llibre 7 (1831-1843), f. 46r, 91r.

[14] Arxiu Parroquial d’Ondara. Quinque Libri, Baptismes, llibre 8 (1827-1845), f. 136.

[15] Allí contrauria matrimoni també, el 1842, un germà seu, Josep Nave Boronat amb Josefa Maria Ayela Peris, i cal pensar que la presència allí del seu germà pogué tenir alguna relació.

[16] Boix, V. (1859), “El dulzainero”, dins Los valencianos pintados por sí mismos. Obra de interés y lujo escrita por varios distinguidos escritores, Imprenta de la Regeneración Tipográfica, p. 28, València.

[17] Arcos, M. (2014), “Dolçainers de llegenda: «Pastrana», «el Pilotero» i «Poca Sang» de Gandia”, Levante-El Mercantil Valenciano, 21/07/2014 (en internet: http://paraules-en-silenci.blogspot.com/2014/07/dolcainers-de-llegenda.html).

 

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