Calp, 1840: la mala estrella de los Adrover

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Calp, 1840. El sector de la mar experimenta un nuevo impulso ligado al comercio de cabotaje. Buena parte de los patrones-marineros de aquel año se dedican no sólo a la pesca. sino a hacer “portes” y entregas de frutos del país en distintos puertos de la costa española, y a preparar sus embarcaciones para el tráfico ilícito de mercancías: el contrabando. Afirma Madoz (1845) en su Diccionario Geográfico-Estadístico…, obra enciclopédica, que muchos calpinos abandonan el campo “y se dedican con afán a la pesca, para cuyo efecto se encuentran algunos almacenes en la orilla del mar, y no pocos al comercio ilícito, vicio que es común a todas aquellas costas, y que se halla fomentado por la abundancia de calas mal resguardadas, y la aspereza de los montes por donde se introduce en lo interior del antiguo reino”.

Con todo, Calp había experimentado la llegada de marineros y comerciantes de origen genovés, algunos tras haberse establecido en otros pueblos de la costa años antes. En otros casos, fueron pequeños armadores, originarios de Villajoyosa, Benidorm, Altea o Denia, quienes casaron en Calp con hijas de familias marineras locales y se instalaron en la población, en la mayoría de las ocasiones, con carácter temporal.

Es el caso de Pedro Adrover, creemos que originario de La Vila Joiosa, quien contrajo nupcias con la calpina Clara Martínez. Pedro Adrover, avecindado en la villa en 1840, presentaba una modestísima renta anual de 56 reales a efectos de reparto del déficit municipal. Su profesión era la de carpintero de ribera. El matrimonio tuvo cuatro hijos nacidos en Calp: Dolores (1832-1902); Roque (1833-1895); Pedro (1842-1883) y Clara Adrover Martínez (1846-1902).

En aquellos años, Pedro suscribió un préstamo con un patrón de embarcación local para adquirir una barca o realizar obras e instalaciones en su carpintería: no conocemos a ciencia cierta el objeto del capital. Tenemos constancia documental de la constitución de hipotecas en aquella época en escribanías de la comarca para la compra de fincas e inversiones en bienes muebles. En el caso de Calp, en operaciones realizadas ante fedatarios de Altea, Benissa o Pego. Las cosas no fueron bien para los proyectos de Pedro Adrover y la familia abandonó Calp hacia 1848 para intentar empezar una nueva vida en Orán, Argelia, tierra de promisión que se hallaba trufada de jornaleros españoles, refugiados políticos y delincuentes huidos de nuestras costas.

 

Orán, mediados del XIX
Orán, mediados del XIX

Por motivos que podemos sospechar y al poco tiempo de instalarse en tierra africana, el 28 de octubre de 1849 fallecía Clara Martínez en Orán a la edad de 41 años y apenas cuatro días más tarde, su marido Pedro, a la edad de 46.

Sus hijos, todos de corta edad en el año de fallecimiento de los padres, hicieron patria francesa y se naturalizaron en ella. Hoy cuentan con descendencia en el país vecino. Los varones, instalados en Orán,  dedicaron su vida profesional a la carpintería de ribera, tal como hiciera el padre.

El frío corolario de esta historia culmina con una nota oficial publicada ya en 1856. Don Ramon Saravia, Comandante Militar de Marina de Alicante y Juez privativo y de arribadas, dicta en esta fecha el remate de los bienes embargados al marinero calpino Pedro Adrover, por las deudas que este tenía contraídas con el patrón de pesca, también calpino, Juan Moragues.

La deuda entre los hombres de la mar ascendía a tres mil novecientos cuarenta y dos reales, siete maravedíes, cantidad que Adrover no había podido hacer efectiva dentro del tiempo estipulado. Los bienes subastados por la quiebra consistían en dos fincas: un pedacito de tierra en partida de Benifat, valorado en dos mil cien reales, y una casa en la calle del Mar, de la villa de Calp, tasada en dos mil ciento cincuenta reales de vellón.

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