Sombras de Orduña

Armas de Orduña
Armas de Orduña

Trece de julio del año de gracia de dos mil uno. La mañana ofrece una suave brisa que hace más soportable el calor de estío. Remonto en automóvil los empinados repechos de la carretera vecinal que une Chirles con Guadalest, atravesando collados de pinos, cumbres limpias de maleza, roca y risco. El Ponoch, la Serrella se engrandecen sobre las viejas masías dispersas por bancales y terrados. Ya no son casas labriegas en sus rutinas; hoy se destinan como nuevas ventas para comidas económicas, frutas y pequeños recuerdos del país.

Serpenteo por las colinas y vislumbro en la lejanía la abrupta realidad del antiguo castillo fortaleza. Sigue anclado en un cantalar de astillas sobre el que se descubre la presencia rústica de su campanario. Se accede a la fortaleza por una oquedad natural rudamente porticada y cerrada por una hoja de madera con tachones. Cruzo ese umbral fresco de piedra y me topo con la vieja casa pairal de los Orduña, reconstruida tantas veces a causa del fuego y de las guerras. Allí debo encontrar a mi buen amigo, Juan Pedro Martínez Solbes, archivero de la villa, sujeto amante de estas cosas para las que siempre sobran ganas y faltan medios.

Castell de Guadalest 1894
Castell de Guadalest 1894

Del abrazo al café, y del café a lo nuestro. Paseamos en animada conversación por las antiguas estancias de la hacienda, cuya restauración sintetiza su legitimidad rural de antaño con los elementos nuevos del lenguaje arquitectónico. No tardamos en enfrascarnos en los papeles viejos que mi historiador acopia y clasifica con vocación franciscana; él habla y yo le escucho, y mucho de lo que dice, aunque conocido, no deja de embelesarme por un renovado interés.

El encuentro tiene premio. Me conduce con rictus misterioso fuera del casal hasta el lugar contiguo donde se halla la iglesia ermitorio. Ésta se conecta al salón principal de la casona Orduña por un pequeño palco. Desde tan elevado puesto la saga penitente rendía cuentas al buen Dios. El pequeño templo, remozado con mármoles blancos, se encuentra en este día despejado de fieles y mobiliario: los bancos han sido conducido al ebanista para su adecentamiento. El rector nos recibe con prisas, parco en palabras y sin muchos miramientos. Extiende un velón a Juan Pedro e inicia un mutis. Juan se agacha y doblado sobre sus rodillas intenta asir una argolla de hierro; me invita a que le imite con otra asa para arrastrar la gran losa que cubre el suelo. Mi amigo anuncia que nos disponemos a bajar a la cripta donde reposan los restos de los miembros de la familia Orduña, una vez liberado el foso por el traslado temporal de las bancadas. Le miro con gran sorpresa y tenso mis músculos por la excitación.

Una humedad de siglos respira por la huesa. Yo primero. Escalones altos y toscos, manos a los muros y cabezas agachadas. El descenso resulta prolongado por las debidas precauciones. Alcanzamos el firme inferior y la débil luminaria nos descubre un habitáculo de apenas ocho metros cuadrados. El aire cargado parece espesarse ante el haz de luz que nos alumbra. Acerca Juan la flama a una sepultura de frente azabache, enmarcada por antiguas pastillas de barro, y leo. Tras ese bloque pétreo reposa el patriarca Don Carlos, personaje que mi amigo tilda de liberal de coyuntura y yo de cruel opresor. Sugestionado por la circunstancia, se me eriza la piel.

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Sepulcro de Don Carlos
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Sepulcro de Don Joaquín Orduña, senador del reino

La muerte de Don Carlos María Orduña y Císcar, acaecida en Guadalest durante el breve rebato progresista, puso fin a la concentración caciquil de esta venturosa familia en un único representante. A partir de este punto, la gran influencia político y social de la casta se “democratizó” entre sus descendientes, y extinguida la línea masculina, el apellido Orduña se unió al de los Torres beniseros. El antiguo liberal progresista Carlos Orduña, que defendiera los más altos ideales constitucionales desde la Comandancia de Armas de la Milicia Nacional de su partido, se convirtió en el más rancio bastión conservador de la Marina junto a los Thous costeros. Durísimo testimonio contra él – tras los tristes sucesos de la matanza de Guadalest de Octubre de 1848- fue el que legó en su diario manuscrito el liberal Mayorazgo Cendra. Una vez más queda patente la decisiva repercusión de las medidas desamortizadoras que convirtieron en ricos terratenientes a los otrora convencidos aperturistas del sueño de la Libertad, y más tarde reclamantes del orden y ejercientes del control político desde la represión, en la defensa de sus consolidados patrimonios e intereses.

Don Carlos fallecía a los 73 años de edad, pues había sido bautizado en Ibi el 22 de mayo de 1782. Casó en 1815, en Benissa, en el oratorio familiar de la casa de su esposa, con Doña Maria Ana Feliu y Sala, quien fuera hermana de Don José Feliu y Sala –luego Marquina- máximo representante y cabeza de la poderosa saga Feliu de Benissa.

Aparto mi vista y mis pensamientos y la tenue luz me conduce a un nicho aledaño, tapiado en mármol negro, tras el que reposan los hermanos Joaquín y Francisco Orduña Feliu.

Don Joaquín nació en Guadalest el 27 de abril de 1821. Abogado, Senador del Reino, Diputado a Cortes y Gobernador de Alicante. Había muerto en la villa el 6 de febrero de 1897 sin tomar estado. Ahí yacía el bien llamado Cacique de la Marina, inspirador político de su sobrino don Carlos Torres Orduña. Don Francisco había nacido en Guadalest el 1 de enero de 1826. Coronel de Artillería. Murió en Guadalest el 2 de mayo de 1886 en estado de soltería.

Sepulcro de Isabel de Orduña
Sepulcro de Isabel de Orduña
Osario
Osario

Abandonamos nuestra posición para colocarnos sobre nuestras rodillas y alumbrando una placa de mármol blanco observamos la sepultura de doña Isabel de Orduña y Corbi. ¿Quién era doña Isabel? No sabemos en este momento, quizás religiosa profesa como su hermana Pepa. ¿Por qué una lápida tan alba entre tanta negrura?

Cripta común de los cuatro hermanos
Cripta común de los cuatro hermanos

A nuestras espaldas se encuentra un osario sin tapiar y preferimos no introducir nuestras manos por pura aprensión. Sentimos una sensación extraña entre tanto silencio y pesadumbre. Los pasos del cura, en su descenso por la escalera, nos devuelven un tanto a la realidad, y su ahora amistoso reencuentro distiende el ambiente. En el otro lado de la cámara localizamos otro nicho con los restos de cuatro hermanos: Juan Bautista, Ramón, Clara y Miguel Orduña Feliu.

Don Juan Bautista había nacido en Benissa el 18 de marzo de 1824. Militar, Comandante de Infantería y Capitán del Real Cuerpo de Ingenieros. Había residido en la Habana donde inició la línea americana de los Orduña. Don Ramón nació en Guadalest el 31 de agosto de 1830 y falleció soltero a los treinta y dos años. Peor suerte corrió Clara, cuyo óbito se produjo a los quince años tras nacer en Guadalest en 1833. Don Miguel murió muy niño.

Sepulcro de Doña Josefa de Orduña
Sepulcro de Doña Josefa de Orduña
Placa recordatorio
Placa

Sombras de Orduña. Una cierta urgencia nos aboca a la ruta de salida. Emergemos lentamente del silencioso cónclave con deseos de volver a retomar el pulso habitual de la mañana. Fuera, al sol de la villa fortaleza, la vida sigue. Las plazas de la vieja ciudadela se hallan permanentemente transitadas por felices holgazanes en su retiro veraniego al sol; plazas otrora custodiadas por el silencio de las cumbres, por centinelas, clérigos de luto y mastines blancos, todos al servicio de una causa: la de los Señores del valle, los Orduña, ciudadanos del inmemorial.

6 Replies to “Sombras de Orduña”

  1. Enhorabuena por el post. Sin embargo, nótese que, de los hermanos Orduña Feliu, si no mi información no me falla, José Bautista, abogado, esta enterrado junto con Ramón, Clara y Miguel, y no junto con el militar Juan Bautista, que está enterrado en La Habana.
    Un saludo,
    Un Torres y Orduña y Feliu (varias veces) y Sala (varias veces)

  2. Tiene Vd. razón, Francisco. No toco ni una coma del escrito, de todas formas, y así el lector avisado podrá comprobar claramente mi error. Saludos.

  3. Buenos días,

    He estado en esa iglesia ayer, visitando la casa de los Orduña no vi la entrada a la cripta de los Orduña. ¿se puede visitar?. Soy historiadora y me interesan las historias familiares, su evolución. Estoy leyendo tu blogs sobre la familia Orduña, me gustaría saber mas de ella.

    Por otra parte, las fotos de los Orduña de la segunda planta aparecen sin sus nombres. Me podrías decir donde puede obtener los nombres de las fotos de esa sala.

    Un saludo
    María José

  4. Buenas tardes,
    Al menos, que yo recuerde, en esa sala están Antonio Torres Orduña, su madre Dolores, su esposa María del Dulce Nombre Teresa Sala Feliu, y recuerdo con nostalgia, vestido de marinero, de niño, al abuelo Alfredo, entre otros. También, me parece recordar, a Carlos Torres Orduña, creo que vestido de Maestrante.
    Un saludo,
    Un Torres

  5. Bonjour,
    Je ne suis pas Espagnol et ne parle pas Espagnol mais je suis descendant de Isabel Orduña née le 5 novembre 1899.
    Savez vous le nom du portrait de la femme en 4eme position en partant de la gauche et son lien avec Antonio Torres Orduña . Avait-elle une descendance ?
    Merci de votre réponse
    Cordialement
    Jean-Louis SOL

    1. Se trata de Mariana Torres Orduña (1851-1918).

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